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Homily | Español | September 27, 2026 | Choose Change (Episode 286)
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Las lecturas de hoy that the queen no es tanto dentro in this moment in my cristiana, sino hacia dónde me dirijo.
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Lo que importa no es tanto dónde me encuentro, sino si dispuesto a cambiar andes con mi vida.
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In the primer lecture escuchamos que el Profeta Ezequiel predica al pueblo de Israel in a moment of historia.
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Los israelitas habían sido conquistados, arrancados de sus hogares, andan exiliados en Babilonia.
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Muchos de ellos sentían que sufrían a caos de los pecados de sus antepasados.
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En aquella época era muy común el siguiente proverbio.
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Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes.
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En otras palabras, sufrimos por lo que hicieron otros.
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Pero Dios cuestiona esa forma de pensar.
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Les dice que cada persona es responsable de sus propias decisiones.
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Quien se aparte del pecado y comienza a vivir recamente puede tener un nuevo comienzo.
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El pasado no tiene por qué determinar el futuro.
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A veces culpamos a nuestra crianza, a nuestras circunstancias, a otras personas, e incluso a nuestros propios errores pasados de la forma en que vivimos hoy.
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Dios nos dice, en resumen, puedes cambiar de rumbo, puedes empezar de nuevo.
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La pregunta no es solo quién es responsable de lo que me sucedió, sino también qué voy a hacer ahora, qué me toca hacer ahora.
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Dios no quiere que permanezcamos atrapados en la culpa, el remordimiento o la desesperanza.
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Él nos da la gracia de comenzar de nuevo.
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El pasado puede explicar quiénes somos, pero no tiene por qué definirnos, no tiene por qué determinarnos.
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Como solía decir el Papa Francisco, para recordarnos que la misericordia de Dios es abierta a todos y que uno puede volver a empezar.
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No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro.
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Por otro lado, en el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que el cambio de mentalidad, la conversión del corazón, comienza cuando nuestras acciones finalmente se corresponden con nuestras palabras.
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La palabra clave en este pasaje es cambio.
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El primer Hijo tomó inicialmente una decisión equivocada, pero no se quedó atrapado en ella.
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Reflexionó sobre su respuesta, reconoció su error y cambió de parecer.
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Jesús no dice que las palabras no importen.
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Nos recuerda que nuestras palabras deben convertirse finalmente en acciones.
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Es fácil decir, creo en Dios, rezaré mañana, ya perdonaré, o ya ayudaré a mi prójimo.
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Pero nuestra fe hace realidad cuando nuestras palabras se convierten en acciones.
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El segundo Hijo pronunció las palabras adecuadas, butas no siguió la obediencia.
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Por tanto, Jesús nos orienta hacia una fe que se vive, no una fe que solo se expresa con palabras.
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El Evangelio también pone en relieve otro peligro, la tentación de decir Soy una buena persona, no necesito cambiar.
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Los líderes religiosos de Israel habían escuchado la predicación de Juan el Bautista, pero se negaban a cambiar de parecer.
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Veían cómo otros respondían al mensaje de Juan, y sin embargo, ellos mismos se mantenían en su posición sin querer cambiar.
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Jesús cuestiona precisamente esta actitud.
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A veces las palabras más difíciles de pronunciar son me equivoqué, necesito cambiar o necesito la ayuda de Dios.
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El arrepentimiento comienza cuando dejamos de defendernos y examinamos nuestra vida con sinceridad.
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La verdadera humildad no es fácil, pero es una condición indispensable para la santidad.
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Como solía decir Chesterton, in my religion hay santos.
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Eso simplemente significa hombres who are pecadores.
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Es decir, hombre who con humildad reconocen that are pecadores, and it's all right that comienza the camera to the santidad.
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Hoy el Evangelio nos pregunta whether siempre lo correcto, ¿estás dispuesto a cambiar de vida?
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Tal vez hoy lo que Dios nos pide tochers is que cambiemos algo: anit, antitude, or simplemente la forma en que tratamos a los demás.
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Puede que ayer hayamos dicho no, pero Dios nos regala el día de hoy para decir sí.
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Dios no busca personas perfectas, busca corazones humildes, dispuestos a cambiar y a cumplir su voluntad.
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Así pues, la pregunta de este domingo es muy sencilla. ¿Qué hijo soy yo?
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Y también, ¿cómo se manifestará mi sí a Dios esta semana?
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Para terminar, quisiera citar un fragmento de un comentario del Papa Benedicto XVI sobre la parábola de los dos hijos invitados a trabajar en la viña para nuestra reflexión personal.
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El Evangelio de este domingo, como hemos visto, habla de dos hijos, pero detrás de ellos, de manera misteriosa, hay un tercer hijo.
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El primer hijo dice no, pero cumple la voluntad del Padre.
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El segundo hijo dice sí, pero no hace lo que se le pidió.
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El tercer hijo dice sí y hace lo que se le pidió.
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Este tercer hijo es el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo, que nos ha reunido a todos aquí.
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No solo dijo sí, sino que actuó conforme a ese sí y lo vivió hasta el extremo, e incluso hasta la muerte en la cruz.
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Démosle gracias por su sacrificio, imitémoslo.
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Doblemos las rodillas ante su nombre y proclamemos junto con los discípulos de la primera generación, Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
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Amén.