Sermon

Padre David Herrera - 20 de sept

St. Philip Homily Podcast

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  1. St. Philip Catholic Church: El día de hoy el Señor nos da una parábola donde compara el reino de los cielos con un propietario que buscó trabajadores. Y mientras unos comenzaron al comenzar el día, a mediodía y otros casi al final, el Señor, el propietario les pagó igual. Y una de cosas que tenemos que entender es esa comparación al reino de los cielos que quiere decir que de la misma forma trabaja Dios. De que así mismo es la misericordia, el amor de Dios hacia nosotros, hacia cada uno de nosotros es igual. Porque en nuestro caminar, en este mundo por alguna razón, todo se vuelve una competencia. Yo hice más, entonces se me debe de dar más. Yo llegué primero, entonces yo soy mejor. A mí se me tiene que atender primero. Yo estoy en la iglesia más tiempo que todos, entonces yo soy más santo que todos. Yo estoy arriba de todos. Y el Evangelio el día de hoy nos enseña algo muy importante. No se trata de una competencia. Nos enseña que estamos en este camino juntos. Que Cristo continúa cada día invitándonos a regresar a Él, a trabajar con Él para Él. Pero sobre todo nos hace una invitación y nos reitera algo de que nunca es tarde para regresar a Dios. Nunca es tarde para regresar a Dios. Y es que a veces podemos pensar que nuestra jornada de fe también es una competencia, o a veces también tratamos esa jornada de fe como una competencia, nuestra vida espiritual, una competencia. Yo rezo más que este hermano que tengo al lado. Yo soy más piadoso que este hermano, etcétera. Que porque tuve una conversión, merezco más o menos que aquellos que ya tuvieron una conversión más pronto que la mía. o que apenas están teniendo una conversión más tarde. Y es que a veces hasta nos sentimos con el derecho de decidir quién merece el amor o la misericordia de Dios y quién no. Cuando a nosotros se nos otorgó ese trabajo hacer, cuando a nosotros se nos otorgó ese trabajo, cuando Dios nos dijo a nosotros mismos, oyes tú, te vas a encargar de ver quién merece más mi amor que En ningún momento Dios nos dejó hacer eso porque nosotros somos humanos. Nosotros siempre vamos a a pensar de forma de que esta persona merece menos, esta persona merece más. Cuando se nos otorgó esta responsabilidad de ser guardianes de su amor, de su misericordia, de su perdón. Que los hermanos se trata de ayudarnos unos a los otros como una comunidad. que tiene el mismo objetivo. Y eso es de que todos aquí, todos en este mundo, lleguemos a disfrutar de la presencia de Dios. Ese es nuestro objetivo. Es ahí donde queremos que todos vayamos. De salvar y convertir a otras personas en nuestro caminar. De ayudarles en esa jornada de fe. Porque puede ser que yo ya haya pasado por esa dificultad que mi hermano ya está pasando. Entonces es mi momento de yo ayudarle a él, enseñarle cómo a mi Dios me ayudó. Especialmente hoy esto es importante para ustedes que terminan este retiro y regresan a sus hogares. El retiro no termina cuando salgamos de aquí, porque ahora comienza una parte importante. Y eso es llevar a sus hogares, llevar a casa eso que Dios ha hecho en su corazón. Y es que tal vez en su casa no todos vivieron esa experiencia. Tal vez algunos no van a entender inmediatamente lo que han vivido, pero tienen que regresar pensando, no pensando que son mejores que los demás, sino pensando que pueden amar de la misma manera que Dios los ha amado, mostrar lo que Dios les ha mostrado, perdonar más, servir más, tener más paciencia. Porque ese encuentro real con Cristo que tuvieron también es para que ustedes vayan y lo compartan con sus familias cuando regresen a sus casas. Y desafortunadamente van a pasar por una realidad. de que el mundo continúa, de que todavía están ahí las cosas que nos alejaban de Dios. Y ahora es su responsabilidad decirle, este sitio le pertenece a Dios, este lugar, la prioridad es de Dios. Las cosas del mundo van abajo de Dios. Porque encontrarnos con Dios también nos lleva a preguntarnos cómo estamos respondiendo a lo que Él nos da. Queridos hermanos, una pregunta que podemos hacernos especialmente con este Evangelio es ¿Cuánto tiempo le ofrecemos a Dios en nuestros días? ¿Cuánto tiempo le damos a Dios? ¿Cuánto tiempo le agradecemos? ¿Cuánto tiempo lo adoramos, lo alabamos? Porque muchas veces trabajamos por... ¿Cuántas veces hemos trabajado por lo que Dios nos da? ¿Cuántas veces vamos con Dios y le exigimos nuestro salario sin ni siquiera merecerlo? Sin embargo, Dios continúa ofreciendo ese amor incondicional. A pesar de le fallamos, a pesar de que no hagamos lo que dijimos que te íbamos a hacer, Dios continúa mostrando su perdón, su misericordia a nosotros. Y es que hay veces que no podemos comprender cómo funciona Dios porque nuestro razonamiento llega hasta cierto límite. Porque la justicia de Dios es diferente a la justicia del hombre. Los caminos de Dios son diferentes a los caminos del mundo. La forma de pensar de Dios es diferente a nuestra forma de pensar. Los tiempos de Dios son diferentes a nuestros tiempos. Queridos hermanos, busquemos a Dios porque Él nos ama. Mostremos a los demás que nunca es demasiado tarde para regresar a Él. Ayudemos a aquellos que todavía están buscando el camino. Y cuando alguien regrese al camino de Dios, cuando alguien cambie su vida, cuando alguien vuelva a acercarse a Dios, no tengamos envidia o lleguemos a pensar ¿Por qué esa persona? En lugar de eso, alegrémonos por esa persona. Demos gracias a Dios que ha vuelto y ayudémosle en su caminar. Porque al final de todo, todos somos trabajadores llamados por el mismo Señor. Todos dependemos de su misericordia y todos esperamos recibir ese mismo regalo de estar un día con Él. en el reino de los cielos.