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Announcing the coming of the King || Anunciando la venida del Rey. Podcast 28 Parte 1
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Te voy a dar por títulos en esta mañana.
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¿Me voy a dar un mensaje a usted en breve?
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Anunciando la venida del rey.
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Puede ponerle su título heraldos del reino.
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En su subtitulo, puedes poner Heraldos del Reino.
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Heraldos del Reino.
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Heraldos del Reino.
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Para la generación, Jenzie, como que no entienden ese vocabulario.
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Para la generación de Jenzie, probablemente no se entiende ese vocabulario.
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Yo cuando era niño todavía.
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Cuando era un joven.
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Yo era joven, joven.
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Leíamos los periódicos.
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Para darnos cuenta de que se estaba anunciando.
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Y en una ocasión fui a mi país México.
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Y en una ocasión, yo fui a mi país de México.
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Y vi a un niño en la calle, en la calle, en el medio de los carros.
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Y gritaba en alta voz con un periódico.
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Y él ha visto eso en vida.
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¿Quién ha visto eso en la vida real?
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Es un heraldo.
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Por eso los periódicos le ponen de Dallas Herald.
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Es un anuncio.
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Son noticias que quieren que el pueblo a la gente se entere.
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No es.
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Hoy en día es purochisme.
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Pero en ese tiempo,
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la intención y el propósito original del periódico era para anunciarte eventos especiales que estaban ocurriendo.
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Y los gobernantes, bueno, eso viene de más atrás la tradición.
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Y no me quiero concentrar ahí.
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Porque a él es la gloria.
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Pero quiero que usted entienda, pueblo.
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Primero le voy gracias a Dios por darme esta oportunidad de estar aquí.
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Pastor Daniel y mi pastora.
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De darme este gran privilegio de poder impartir al pueblo lo que Dios ha puesto a nuestro corazón.
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Y lo que le está hablando a la iglesia hoy.
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Y no me quiero centrar mucho en los heraldos y el paperiódico y todo eso.
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Porque ya ni existe creo los periódicos, ¿verdad?
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Gloria a Dios.
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Ahí se afirma otra palabra.
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El cielo y la tierra pasarán.
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Los periódicos dejarán de existir.
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Pero mi palabra no dejará de existir.
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¡Oh! Me estoy deteniendo.
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Me estoy deteniendo, pastora.
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¡Oh, Aleluya!
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Me pueden un poquito de luz aquí.
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Con estos ojos llorosos.
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Yo estaba ahí sentado y Dios me estaba administrando.
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Y como que me está dirigiendo a lo que es del rey, del rey de gloria, el rey.
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Y me muestra en Apocalipsis 1.
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Me ministró el capítulo 17, ahí nótelo.
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Ese no es el tema para abrir.
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Pero va con lo que está sucediendo ahorita.
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Orita en este segundo.
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Dice, cuando le vi, caí como muerto a sus pies.
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Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome,
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no temas, yo soy el primero y el último.
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Y cuando le vi a él, me dijeron que era muerto,
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pero le dijeron que no se afiría.
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Yo soy el primero y el último.
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¿Quién es el primero y el último?
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Dios, en el antiguo pacto, en el antiguo Covenant,
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yo soy el que soy.
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Ahí dice él, yo soy.
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El que vive, el que vivo y estuve muerto.
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Mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.
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Amen.
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Y tengo las llaves de la muerte y de la des.
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Por eso le digo, ningún rey, usted busca mí un rey en la historia,
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pues que todos los libros de historia a todas las naciones,
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que haya muerto y que haya resucitado,
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y no haya muerto otra vez.
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Este rey de gloria, que va de los ejércitos,
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vino, dice el que vivo y estuve muerto.
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Cuando decimos que nuestro, el hermanito que recibió a Cristo,
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tuvo una revelación mi hermano,
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yo sé que sé,
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porque eso me pasó, de que él estuvo muerto.
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No fue cualquier persona que murió.
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Dicen, hay algunos religiosos que era un gran profeta,
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que sí lo fue.
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Pero te quieren desenfocar,
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que el que murió, el que estuvo muerto,
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era Dios mismo, que se despojó de su gloria.
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Se quitó su tropa reales,
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se hizo hombre, muy vulnerable,
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fue golpeado, le jalaron su barba,
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lo castigaron con chicotazos,
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ese es el que estuvo muerto,
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Dios, en el cuerpo de Jesús,
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y no quedó ahí,
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más, es aquí que vivo,
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por los siglos de los siglos,
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gloria y tu Jesus.
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Amén.
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Ah, mira que pasó.
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Hay algo ahí, otro secreto.
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Miren lo que nos enseña el Espíritu Santo hoy.
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Dice, y tengo las llaves de la muerte y de la de.
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Oye, a veces nos quedamos enfocados en el que estuve ahí en la cruz.
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Y nos enfocamos que murió por nosotros.
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Y sí, gloria a Dios.
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Porque eso me dice como dijo mi hermanita,
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que dice la criatura, ya se pagó el precio de mi pecado.
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Esto dice el libro de Romanos.
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Pero mire esta, aparte de eso,
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de que él pagó tu pecado,
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pagó mi vida terrible que yo vivía.
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Y dice, ahora tengo llaves.
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Ah, tomé, perdí mis llaves.
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Cuántos me han visto por aquí caminando y saben que soy yo.
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Debante la mano porque ve a la gente.
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Saben que Boico parece que traigo espuelas, pero son mis llaves.
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Pástora Laura traes tus llaves, ¿verdad?
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No trae una llave, es que soy bonito, Teresa.
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Santo. Recuerde que esto me lo acaba de darle a Espíritu Santo.
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No es algo que nos preparamos.
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Tenemos un mensaje, pero Dios está hablando.
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Ah, ella me entregó llaves.
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A quién le entregó la llave a Jesús?
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A la iglesia.
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Ah, y a ti te daré las llaves.
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Las llaves no cualquier llave, no las llaves de su Mercedes Benz.
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Porque ese Mercedes pasa de moda.
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Aleluya.
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Dice, las llaves de la muerte y de la des.
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Oh, muerte.
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Dónde está tu sepulcro?
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Dónde está?
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Porque yo tengo llaves, dando a entender,
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hermana terecita,
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donde está tu carro?
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Dónde está tu casa?
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Oh, me está entendiendo.
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Porque yo tengo llaves.
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Oh, Shatahabakaya.
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Oh, sepulcro.
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Dónde está tu ajijón?
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Porque nada me puede detener.
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Ahora cuidado.
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No me digas dónde está tu carro porque ahorita me monto en él y me voy.
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No me digas dónde está tu casa porque voy y me meto ahorita ahí.
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Y ¿sabes qué?
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Me voy a dar el derecho a los acolchones para sacar el billete que tienes.
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Me voy a ir a la maestra para obtener tu dinero,
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o no lo entiendes.
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Tú le das la llave a alguien.
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Y ese billetito que tienes escondido,
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va a ir allá a buscarlo.
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Va a ir a agarrar el botín.
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Va a ir a agarrar el botín.
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¿Por qué?
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Porque Jesús lo venció.
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Él ha vencido la enfermedad, el edad,
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todo eso que está ahí, ya lo venció.
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Todo el seguridad, todo el rechazo,
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toda la acusación que está contra ti,
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aún lo clavó hasta la cruz.
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Lo exhibió,
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para que tú tengas la certeza de la seguridad
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que ya lo llevó por ti.
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¡Oh, Shastor Abacaya!
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Gracias, Píritu Santo.
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Por eso cantamos.
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¿Verdad?
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Tenga revelación.
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Un entendimiento por qué lo decimos.
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Vamos a Lúcano.
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Vamos a Lucas, 24.
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14, este es nuestro verso.
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Anunciando la venida del rey.
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Somos heraldos del reino.
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¿Qué es un heraldo?
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Mientras me ponen el verso, ok.
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Mateo, 24, 14.
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¿Estás bien? Es en Lucas.
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Oh, perdón, es en Lucas.
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No, ellos tienen Lucas, penito, Mateo.
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Dice la criatura.
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Y será predicado este Evangelio del reino a todo el mundo
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para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin.
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Mathew, 24, 14.
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Y este gospel de la quinta será pregunto en todo el mundo
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como un perro para todos los naciones y entonces el final va a venir.
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Estas son palabras de Jesús.
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No del hermano Jovel.
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Y será predicado.
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Y se va a ser preguido.
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Preguido es proclamar en alta voz.
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Como un heraldo.
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Por eso un pregador está hablando fuerte cuando predica.
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Pero esa no es la idea.
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La mera idea es de que prediquemos allá afuera.
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Dice, predicando este Evangelio del reino en todo el mundo
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a todas las naciones y entonces vendrá el fin.
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Y entonces el final va a venir.
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Si usted habla francés,
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entonces evangeliza en francés.
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Si usted habla portugués,
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evangeliza en portugués.
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Habla.
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Habla.
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Habla a esas naciones.
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Habla a esas naciones.
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Porque Jesús no estaba diciendo
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si no había aviones ni coches en ese tiempo.
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Como esperaba Jesús que todos fueran a todas las naciones?
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Pero ahí en Jerusalén,
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ahí había de todas las naciones.
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Recuerde porque ahí Roma tenía el control.
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Y venía gente de todas partes del mundo.
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Porque estamos hablando de reinos.
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Ahí reinaba Roma.
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Los Cesares ahí reinaban.
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César, César, las personas se rompían.
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Pero hice a todas las naciones y entonces vendrá el fin.
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Está claro que esta proclamación del Evangelio del reino
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se relaciona con el regreso de Jesús
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y el acontecimiento del fin de los tiempos.
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El Evangelio del reino es la proclamación de que Jesús es el rey.
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Y que Él viene pronto.
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Que Él regresa.
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Predicamos al rey,
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crucificado en la cruz,
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un rey glorioso,
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no miserable,
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un rey que es dueño del mundo,
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que es dueño del oro y la plata,
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ese rey,
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murió en la cruz.
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Es el mensaje que le decimos al mundo,
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que predicamos,
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que el rey crecipio,
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muerto por nuestro pecados,
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y resucitado el tercer día y se la aporta al Pablo.
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Ese es nuestro mensaje,
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y resucitado entre los muertos.
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No quedó muerto.
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No me importa que te dice el Discovery Channel,
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que encontraron un trapo donde estaba Jesús enredado,
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que no importa el trapo,
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me importa que mi redentor vive.
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Yo tengo lugar con Él.