Sermon
Homily | Español | July 19, 2026 | God’s Kingdom Is Not Static, It Transforms Us | (Episode 201)
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En el Evangelio de hoy, nuestro Señor Jesucristo usa tres parábolas para hablarnos del reino de Dios.
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Cabe aclarar que el reino de los cielos no es otra cosa que Dios reinando en nuestra alma, en nuestra historia personal y en el mundo.
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Ahora bien, esas tres parábolas nos enseñan que el reino no es una realidad estática, sino dinámica.
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Es algo que crece, es una corriente de vida, es una fuerza que transforma.
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Por tanto, hermanos, si nosotros queremos participar de este reino, debemos estar dispuestos a crecer, a cambiar para bien, a dejarnos transformar por el Señor.
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Por ejemplo, si nosotros fuésemos una semilla que recibe todos los nutrientes para crecer, pero nos encaprichamos y decimos, Yo me quiero quedar como semilla, estoy muy feliz siendo semilla, yo soy semilla, lo seré y moriré siendo semilla, esa semilla, esa persona, no sirve para el reino de los cielos.
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El reino de Dios no se va a desarrollar en ella.
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Por tanto, si nosotros nos conformamos con ir a misa los domingos, con hacer oración de vez en cuando, confesarnos una vez cada dos años, y además no tenemos un plan de crecimiento continuo en las virtudes que nos hacen falta, nuestra vida cristiana será mediocre y plana, y lo que Jesús quiere hacer dentro de nosotros se quedará truncado.
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Pero si por el contrario, tenemos un corazón inquieto como los santos, que siempre buscaban mejorar, llegaremos a la altura de la vocación a la cual hemos sido llamados.
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Luego, la primera lectura, perdón, la primera parábola nos dice que el amo le indica a sus esclavos que no arranquen la cizaña del campo.
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Ustedes lo harán, sí, pero más adelante, en la cosecha.
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A primera vista, esto parece extraño.
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Sin embargo, Jesús quiere enseñarnos la virtud de la paciencia, una virtud que hoy en día es muy escasa, porque todo lo queremos conseguir de manera inmediata.
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Hemos dicho hace un momento que si queremos ser parte del reino de los cielos, tenemos que procurar crecer y que no debemos empecinarnos en quedarnos como semilla, pero también es verdad que no podemos pretender ser un árbol robusto en dos días.
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La semilla necesita tiempo para desarrollarse.
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Todavía no le ha llegado el agua de la próxima semana, ni el sol del mes entrante, ni los nutrientes del año próximo.
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Pues así sucede con nuestra alma.
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Quizás no le haya llegado aún esa confesión, ese consejo, o ese libro, o esa experiencia, agradable o desagradable, que va a darle un nuevo impulso a mi vida cristiana, a mi vocación.
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Es decir, todo proceso de mejor implica un equilibrio entre que no se apague en mí el anhelo de crecer y a la vez saber esperar.
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Dios proveerá lo que necesito para llegar a alcanzar esas virtudes heroicas que adornaron el alma de los santos.
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Por tanto, hermanos y hermanas, no nos desanimemos.
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Dios siempre obra en silencio y en manera invisible, como la levadura, y al mismo tiempo, nuestros actos de bondad más pequeños pueden convertirse en algo grande, como en el caso de la semilla de mostaza.
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Finalmente, este Evangelio refleja lo que San Ignacio nos enseña en el examen diario de Conciencia y nos invita a hacer una pausa, a repasar el día en presencia de Dios y a preguntarnos: ¿qué semillas de la gracia de Dios han crecido en mí hoy? ¿O qué mala hierba o cizaña ha comenzado a echar raíces en mi corazón?
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Tal vez una palabra dura, un resentimiento oculto o un acto de egoísmo.
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Recordemos que la cizaña rara vez aparece de la noche a la mañana.
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Comienza siempre siendo pequeña y luego se vuelve grande.
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Pero si la detectamos a tiempo y la presentamos ante el Señor, su gracia puede arrancarlas de raíz antes de que se fortalezcan.
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El examen diario de conciencia no consiste en sentirse culpable, sino en ser más conscientes de cómo Dios in nuestras vidas anda cooperar con su gracia.
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Que Dios nos bendiga, hermanos, a todos nosotros, para formar parte del reino de su reino.
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Amén.